Charlie es un adolescente, establecido recientemente en las proximidades de Portland. El chico añora algo parecido a un hogar: la madre les abandonó siendo él muy pequeño, el padre le quiere pero es un mujeriego que se mete fácilmente en líos. Echa en falta especialmente a su tía, de la que conserva una fotografía con él de niño. Casualmente conoce a Del, un tipo que malvive entrenando caballos de carreras. Aunque no es perfecto, es buena persona y le da trabajo. Lo que propicia el encariñamiento de Charlie hacia un caballo de cinco años, Lean on Pete, que fácilmente podría acabar en el matadero cuando deje de resultar rentable.
Chaval, caballo, carreras. Con estos elementos se puede entregar con facilidad y en el mejor de los casos una película previsible. Lean on Pete no lo es, sorprende gratamente por su realismo y contención, no busca la emoción y la lágrima fáciles, y lo que vemos resulta creíble, lo que no necesariamente significa desagradable, y también conmovedor. Quizá el film es algo largo, con pasajes algo extendidos, pero tiene sentido el riesgo de tomarse un tiempo para contar bien lo que se pretende.
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